1948


En 1948 Corrientes no dormía entre tangos, pizzerías, madrugadas y trasnoches; y la familia Ramos saltó tras el mostrador de Los Galgos. El bar vio entrar a Discépolo, Pugliese, de Caro y Troilo y se convirtió en leyenda. Tras décadas de servicio a la ciudad eligieron otro rumbo para sus vidas y las puertas de Los Galgos cerraron un tiempo, pero para volver a abrirse y reiniciar la historia.



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